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DOSSIER CIENTÍFICO


La ciencia: una prioridad de los socialistas

Alfredo Pérez Rubalcaba

Aunque solo sea por hacer justicia a nuestras señas de identidad, a nadie le sorprende que el programa político de los socialistas para las elecciones generales de 2011 haga de la investigación y la innovación uno de sus ejes principales. Hace 25 años, en 1986, un gobierno socialista impulsó la aprobación de la Ley de Fomento y Coordinación General de la Investigación Científica y Técnica –lo recuerdo perfectamente, porque fui uno de los principales responsables de la redacción de aquel proyecto de Ley–. En 2011, y coincidiendo con este aniversario, hemos impulsado otra ley que marca un nuevo punto de inflexión en la política científica en España: la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (LCTI).


Hoy, como entonces, ha vuelto a ser un gobierno socialista el que ha puesto en marcha esta importante reforma. Lo hemos hecho conscientes de que la Ley está llamada a culminar en España un proceso de modernización, yo diría que incluso de cambio cultural, que debe poner a la ciencia en el centro de la sociedad y a la innovación en el centro de la economía –un proceso que comenzamos en los años ochenta y que nunca antes en nuestra historia pudimos abordar, más allá de episodios brillantes aislados–. Lo hemos hecho, en otras palabras, porque confiamos en nuestros científicos y por el papel decisivo que desempeña la investigación en nuestro proyecto de país.


Un nuevo tiempo que exige nuevos objetivos

La Ley abre un nuevo tiempo para la I+D en España, pero también cierra un ciclo de dos legislaturas socialistas marcadas por un presupuesto expansivo (véase figuras 1 y 2), y por un enfoque muy ambicioso en la financiación de las actividades de investigación e innovación, que ha llevado la ciencia española a un lugar desconocido hasta ahora:

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Figura 1. Gastos internos totales en actividades de I+D (miles de euros). [Fuente: INE, 2011.]

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Figura 2. Gastos en I+D como porcentaje del PIB. [Fuente: INE, 2011.]


• En 1986 ocupábamos una discreta posición en el ránking mundial de la investigación, la número 30, mientras que hoy somos ya la novena potencia científica mundial por número de publicaciones –y la décima por impacto de las mismas– de acuerdo con los informes de la Royal Society. Solo China ha crecido tanto como nuestro país en tan poco tiempo.

• El número de trabajadores en I+D creció un 36% entre 2004 y 2009, a una tasa que casi duplica la de la UE. Incluso en 2009 y 2010, dos de los peores años para nuestras cifras de empleo, el trabajo en I+D siguió creciendo: un 2,4% y un 1,4%, respectivamente, de acuerdo a los datos del INE. Un crecimiento en el que tiene un papel fundamental el compromiso del Gobierno con el aumento de la oferta de empleo público en ciencia, que ha permitido que en 2004-2011 el personal científico de los Organismos Públicos de Investigación haya crecido un 44% (fig. 3).

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Figura 3. Personal empleado en actividades de actividades de I+D (ECJ). [Fuente: INE, 2011.]



• Entre 2004 y 2010 nuestros OPI han creado 55 nuevos centros en toda España, muchos de ellos en territorios tradicionalmente poco dotados de infraestructuras científicas. A ello hay que sumar las 19 Instalaciones Científico-Técnicas Singulares lanzadas o culminadas en este período, entre las que cabe citar el sincrotrón Alba de Barcelona, el Gran Tanque de Ingeniería Marítima de Cantabria o el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana de Burgos.

• En los últimos años ha crecido de forma muy importante la actividad de I+D empresarial gracias, especialmente, al impulso que el Gobierno ha ejercido a través del CDTI. Este salto está teniendo ya un impacto notable en términos económicos, por ejemplo en las exportaciones. Pero, además, lo tiene también en el fortalecimiento de los vínculos entre el sistema científico y empresarial y, por tanto, en los recursos que llegan a nuestros investigadores. Basta pensar que aproximadamente el 20% de la financiación canalizada por el CDTI llega, vía subcontratación, a universidades y centros de investigación (fig. 4).

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Figura 4. Número de proyectos de I+D+I financiados por el CDTI. [Fuente: INE, 2011.]


En resumen, la ciencia y la tecnología españolas han conseguido llegar muy lejos y, por eso mismo, nuestro programa electoral de 2011 quiere plantearse nuevos retos. Nuestros objetivos no son ya los de un país que quiere entrar entre los grandes de la ciencia, sino los de un gran país de ciencia que quiere –porque puede– liderar algunos de los campos más prometedores del conocimiento.

Los socialistas nos planteamos cuatro retos para la próxima legislatura 2012-2016: la excelencia; la eficiencia (a través de la especialización sectorial y la agregación de capacidades); la implicación y la internacionalización. Cuatro retos en los que ya estamos avanzando pero en los que, gracias a las perspectivas abiertas por la nueva LCTI, podemos ir mucho más lejos.


Excelencia

En primer lugar, tenemos que hacer de la excelencia una de las señas de identidad de nuestra investigación, por la que nuestros mejores investigadores y nuestras mejores instituciones puedan ser reconocidas en todo el mundo. Para ello nos proponemos:

- Realizar una firme apuesta para identificar y apoyar singularmente a los mejores centros de investigación en España. El Gobierno ya ha puesto en marcha con ese fin el programa Severo Ochoa en 2011, y a lo largo de la próxima legislatura los mejores centros deberán ganar autonomía –pudiendo alcanzar personalidad jurídica propia en caso de no tenerla– y recursos para homologarse con los mejores del mundo.

- Desarrollar al máximo la nueva carrera investigadora prevista en la nueva Ley, que ofrece más posibilidades a los buenos investigadores e incluye instrumentos (como el contrato de investigador distinguido) para atraer y retener a los mejores en España. Contamos con más y mejores investigadores que nunca y también con capacidad de atraer talento –el 20% de los científicos contratados con cargo a programas del Estado son extranjeros–, pero es preciso que la carrera sea los más predecible posible, explotando los esquemas no funcionariales previstos.

- Mejorar el actual marco legal de las aportaciones privadas de financiación a centros de investigación y patrocinio de investigadores para hacer más atractivo el mecenazgo científico. Porque contamos con un número creciente de iniciativas de mecenazgo, pero necesitamos aún más para homologarnos con los países de referencia.


Eficiencia

España tiene un sistema científico de tamaño medio, y para competir con los países líderes necesitamos que el sistema público de investigación responda a los retos de la ciencia global: trabajo interdisciplinar, creación de masa crítica y acceso a grandes instalaciones científicas. Por ello, es imprescindible que los mejores centros –sean universitarios, de OPI o de hospitales– trabajen de forma más coordinada e integrada, y que transformemos las estructuras de financiación. Para ello nos proponemos:

Llevar a cabo una reorganización inteligente de todos los organismos públicos de investigación (OPI), basada en una clara definición de misiones y funciones. Un nuevo paradigma capaz de proyectar internacionalmente nuestros liderazgos sectoriales, y que pase por la conversión en agencias del CIEMAT y del Instituto de Salud Carlos III. El sistema público de I+D debe contemplarse como inclusivo del conjunto de actores públicos, independientemente de su adscripción administrativa, tanto ministerial como de las comunidades autónomas. Su gobernanza ha de basarse en los principios de un esquema federal, donde coparticipación, concertación, corresponsabilidad y cofinanciación sean predominantes.

- Poner en marcha la Agencia Estatal de Investigación, para dar respuesta a la demanda histórica de la comunidad científica española de reducir la burocracia y garantizar una mayor estabilidad en las ayudas, ganando independencia de los ciclos presupuestarios.


Implicación

Es preciso que la ciencia española se implique con los grandes desafíos globales y, especialmente, con aquellos que afectan particularmente a España y en los que contamos con ventajas competitivas. Abordarlos exige una respuesta rápida que integre la generación del mejor conocimiento posible y su puesta en valor en el mercado, para ofrecer soluciones tecnológicas de vanguardia. España está, precisamente en este momento de su historia, comenzando a superar el tradicional alejamiento entre investigadores y empresas. Por ello nos proponemos:

- Comprometer a la ciencia española con los tres grandes desafíos que afronta la sociedad europea en su conjunto –el abastecimiento de energía, el cambio climático y el envejecimiento– y que representan además una oportunidad para el desarrollo económico y social de nuestro país. En los casos de salud y energía, en España estamos ya en una buena posición al haberse conseguido articular toda la cadena de valor, desde la investigación básica a la innovación empresarial. En el caso del envejecimiento, pondremos en marcha el Centro Nacional de Investigación en Envejecimiento, creado en 2011, cuyo diseño vincula ciencia, desarrollo tecnológico y dimensión social, y que persigue catalizar las importantes capacidades científicas, clínicas y asistenciales con las que cuenta nuestro país.

- Garantizar que la normativa, el diseño de las instituciones científicas y una parte importante de los recursos favorezcan la cooperación público-privada. Y, de esta forma, los flujos de conocimiento para dinamizar los procesos de innovación y potenciar las diferentes funciones que corresponden a un sistema público de I+D científica y socialmente útil.


Internacionalización

La comunidad científica internacional mira por fin a España como un socio de primer nivel, como sede para grandes instalaciones, y como un país de destino para que los investigadores comiencen o para que consoliden su carrera. Nuestro país ha atraído tres instalaciones científicas europeas desde 2009 y en 2010 se ha superado el objetivo marcado en 2005 de atraer un 8% de los fondos competitivos del VII Programa Marco de I+D. Para seguir avanzando en esta dirección nos proponemos:

- Diseñar el futuro Plan Estatal de Investigación 2012-2015, para que la financiación nacional estimule de forma más eficiente la colaboración entre investigadores, equipos y centros españoles e internacionales, y singularmente europeos.

- Ser muy activos en la negociación del futuro Programa Marco de I+D –que la Comisión Europea llama Horizonte 2020–, de modo que nuestro sistema científico y tecnológico pueda beneficiarse al máximo de esta importante vía de cooperación y financiación. Para ello, el nuevo Gobierno trabajará intensamente en el año 2012, que será crítico.

- Avanzar en la «investigación para el desarrollo» –en la cooperación para el desarrollo en los ámbitos de ciencia e innovación–, ya que las políticas españolas de I+D y cooperación no han aprovechado aún adecuadamente las múltiples sinergias existentes entre ellas. Debemos profesionalizar y mejorar nuestra cooperación con países que requieren ayuda en materia de conocimiento y abrir nuevas puertas para la actividad internacional de investigadores y empresas españolas.


La perspectiva cívica de la ciencia

Quiero terminar reafirmando algunos principios. Creo que la apuesta política por la ciencia tiene un doble sentido: cultural y económico. Por un lado, la generación de nuevo conocimiento aporta valor per se a nuestra cultura –algo especialmente visible en humanidades y ciencias sociales–. Por otro lado, nuestro bienestar y nuestra competitividad futura residen, en buena medida, en soluciones y planteamientos que a día de hoy ni siquiera imaginamos; en respuestas a preguntas que ni siquiera nos hemos formulado.

Este es el principio desde el que he elaborado estas propuestas electorales en materia de ciencia y tecnología. Lo hago con la humildad de saber que serán analizadas con detalle por la comunidad científica española –si de algo podemos presumir los científicos, es de tener espíritu crítico–. Lo hago con la tranquilidad de representar a un partido político que ha protagonizado los grandes cambios de la política científica contemporánea española y que siempre ha cumplido sus compromisos –invito al lector a repasar el programa con el que el PSOE se presentó a las elecciones generales de 2008 y a contrastarlo con los logros de esta legislatura–. Lo hago convencido de que ninguno de los objetivos fijados será posible si no avanzamos en el terreno de la cultura científica, en lo que deberíamos llamar perspectiva cívica de la ciencia. Y lo hago, por último, desde mi condición de científico, de quien ha dedicado alguno de los mejores momentos de su vida a la investigación.

En las últimas semanas, en mis múltiples encuentros con los ciudadanos, he afirmado con contundencia que «España es un país de ciencia». Me gusta repetirlo porque necesitamos hacerlo; porque solo así conseguiremos que muchos de nuestros conciudadanos entiendan la dimensión de esta afirmación. Y porque cuando lo hacen, le dan pleno sentido a esa afirmación.

De hecho, cuando digo que España es un país de ciencia no me refiero solo a los logros materiales que he señalado. Me refiero también al cambio sociológico que ha hecho que los ciudadanos comiencen a convencerse de que la ciencia puede ser una seña de identidad de España. A un cambio que ya se está produciendo. Al verdadero cambio en el que tenemos que seguir avanzando y que es, a la vez, causa y consecuencia de todos los objetivos que persigue la comunidad científica española.


Confianza en la comunidad científica

Mis últimas palabras son para ellos, para vosotros, para los investigadores. Habéis sido el verdadero motor del salto de gigante que ha dado la ciencia española en las últimas décadas y lo seguiréis siendo en los próximos años. El conjunto del programa electoral socialista está elaborado desde la confianza en España y en los españoles y, desde luego, estas propuestas en materia de I+D están elaboradas desde la confianza –profunda y sentida de forma muy íntima– en nuestra comunidad científica; desde el conocimiento cercano de lo que habéis conseguido y de lo que seréis capaces de conseguir.

He repetido, también en las últimas semanas, que estas son unas elecciones cruciales para España. Desde luego, lo son en materia de investigación. La ciencia es, lo sabéis bien, una apuesta de largo plazo. Muchos de los cambios profundos que necesita la I+D española precisan más años de los que caben en una legislatura. Pero cada legislatura cuenta, cada año cuenta, cada ejercicio presupuestario cuenta. Por eso es tan importante para la ciencia española contar con un gobierno socialista.


Alfredo Pérez Rubalcaba
CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO. PSOE



ARTÍCULOS DE ESTE DOSSIER
[Noviembre 2011]

INTRODUCCIÓN: Promesas y realidades
Xavier Pujol Gebellí

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Alfredo Pérez Rubalcaba

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La I+D+i y la X Legislatura
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