Yoga en la playa, consejos para practicarlo

Desde hace unas décadas, el yoga se ha puesto muy de moda en nuestro país, de la misma forma que otras prácticas de meditación que tienen su origen en el mundo oriental. Esta milenaria práctica se lleva desarrollando en la India, China y otros países del continente asiático como una de las formas de meditación combinada con el ejercicio más útiles y populares para permitirnos reconectar con todo lo que tenemos dentro, nuestros deseos, nuestra energía, canalizando todo eso para alcanzar un estado de paz que nos ayude a estar más sanos tanto por dentro como por fuera. La popularidad de esta práctica oriental ha llegado a tal punto que hoy por hoy es raro el gimnasio que no ofrece clases de yoga al menos un par de veces por semana.

Y es que no solo ayuda a ganar flexibilidad y forma física, sino que también nos permite aprender a meditar, a utilizar nuestra respiración para canalizar toda nuestra energía interior, nuestro pensamiento, de manera que seamos capaces de potenciar mucho más todo eso gracias a estas “sencillas” posturas. Hoy por hoy existen muchas formas de aprender a hacer yoga, e incluso podemos intentarlo por nuestra cuenta, desde casa, siguiendo videotutoriales y cursos online que nos enseñan las posturas básicas, la forma de respiración y relajación del cuerpo, la manera de meditar… Porque se trata no solo de canalizar nuestros deseos, sino también de generar ese estado de paz y estabilidad mental que necesitamos para afrontar ciertas situaciones, o incluso para alejarnos de todo lo que nos pueda hacer sentir mal. Lo mejor del yoga es que se puede practicar en cualquier lugar siempre que sea relativamente tranquilo, así que con llevarnos nuestra esterilla y ropa cómoda, el mundo entero será nuestro centro de relajación. ¿Por qué no probar en la playa? Aquí te damos algunos consejos para disfrutar de esta magnífica experiencia.

Busca playas tranquilas

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Solo hay un requisito real para poder practicar yoga de una manera apropiada, y es hacerlo en un sitio que esté tranquilo. Necesitamos concentrarnos para respirar, para relajarnos, para meditar sin distracciones alrededor, y las playas, dependiendo del momento y del lugar, pueden ser bastante ruidosas en ese sentido, porque son un sitio de reunión, charla y juego en el que todo el mundo está disfrutando del entorno. Por eso se recomienda ir a primera hora de la mañana o a última de la tarde, cuando no haya tanta gente y se respire esa paz especial que buscamos. También podemos acudir a playas algo menos populares y escondidas, que sean más tranquilas ya de por sí y no estén llenas de gente a cualquier hora del día. Como nosotros tampoco vamos a hacer ruido, no molestaremos a nadie, igualmente.

Elige la hora adecuada

Cada cual tiene su momento favorito a la hora de hacer yoga, y eso es algo que debemos respetar para mantener un mismo horario a la hora de meditar y llevar a cabo nuestros ejercicios. Son muchos, por ejemplo, los que deciden hacerlo a primera hora de la mañana, permitiéndoles esto empezar el día canalizando ya toda su energía para afrontar lo que venga por delante. Ver amanecer en la playa, mientras practicamos yoga, puede ser una de las experiencias más increíbles y hermosas de nuestra vida. Estamos buscando paz, y no hay nada que nos la provoque más que un precioso paisaje oceánico, con el sol apareciendo en el horizonte. El atardecer tiene también esa misma magia, aunque es menos habitual llevar a cabo estos ejercicios de yoga ya a última hora de la tarde. De todos modos, la decisión será nuestra.

Posturas de yoga en la playa

Como ya sabrás si llevas un tiempo practicando yoga, las posturas que podemos realizar dependerán precisamente de nuestro entrenamiento, de nuestra forma y de la manera en la que las hayamos aprendido. La playa es un entorno perfecto, en el momento adecuado, para llevar a cabo cualquiera de estas posturas, pero hay algunas que son especialmente apropiadas para practicarlas sobre la arena. La clásica postura del árbol es una de las más habituales, así como la del guerrero, ya que nos permiten ir cogiendo forma a la vez que estiramos el cuerpo, lo que nos ayudará a practicar las demás posturas, como la del perro boca abaja, la de asana de vaca y, por supuesto, la postura del cangrejo, otro clásico que no puede faltar en ninguna de nuestras sesiones de relajación, ya que nos permitirá disfrutar de una forma cómoda de todo ese entorno.

No olvides la crema solar

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Cuando avisábamos de que las mejores horas del día para practicar yoga en la playa son siempre el amanecer y el atardecer no lo decíamos solo por el espectáculo en el horizonte, sino también por las temperaturas. En las horas centrales del día, tanto por la mañana como por la tarde, cuando el sol está en todo lo alto, la temperatura sube muchísimo y puede llegar a hacer demasiado calor, además del problema de la radiación solar directa. Es por ello que buscaremos las horas donde los rayos no incidan de una manera tan fuerte, y aun así, nos llevaremos por si acaso la crema solar, para no correr riesgos innecesarios en este proceso que nos debe llevar a mejorar nuestra salud, nunca a perjudicarla. Si decides practicar yoga en la playa en invierno, en un día que te lo permita por el clima, la crema solar tal vez no sea necesaria, pero cuando llega el buen tiempo debes llevarla siempre en la bolsa.

Beneficios de practicar yoga en la playa

Los beneficios de practicar yoga en un sitio como la playa son más que evidentes. El primero de ellos es el cambiar nuestro lugar habitual, salir de nuestra burbuja, lo que nos hará esforzarnos mucho más a la hora de concentrarnos y hacer bien los ejercicios. La playa es un lugar que transmite paz ya de por sí, cuando está tranquila claro está. Escuchar el sonido de las olas siempre relaja muchísimo, y puede servirnos como base para la meditación que vamos a llevar a cabo, consiguiendo que todo sea perfecto en el momento en el que nos dejemos llevar. Es fácil concentrarse aquí, además de disfrutar de unas vistas maravillosas. Y además, si nos atrevemos, podemos probar también el yoga nudista, liberándonos por completo y realizando estas posturas totalmente desnudos, sin que nadie se vaya a escandalizar.