Cantoreras sevillanas: prostitución en el Siglo XVI

Considerada por muchos como la profesión más antigua del mundo, la prostitución ha estado siempre presente, evolucionando y adaptándose a los nuevos tiempos. Y aunque a día de hoy puedas encontrar con facilidad escorts Sevilla de Mileroticos.com, en tiempos pasados (concretamente a lo largo del siglo XI), las chicas de compañía callejeras de la ciudad, conocidas como cantoreras, ya ofrecían servicios sexuales en plena calle a los hombres de la época.

Sumergiéndonos más en la sociedad sevillana del siglo XVI (y en una época en la que la prostitución estaba ya muy extendida), eran varios los tipos de acompañantes que podían encontrarse en las calles. Podríamos hablar de hablar de las izas y las rabinas, pero eran las ya mencionadas cantoreras quienes conformaban el mayor contingente de rameras clandestinas.

Las cantoreras y sus clientes

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Para muchos, las cantoreras eran definidas como busconas de esquina y callejón que en no pocas ocasiones terminaban en casa de sus clientes. No importaban ni el día ni la hora. Para ellas nunca era mal momento para ofrecer sus servicios sexuales.

Los clientes, a su vez, solían ser considerados miembros poco deseables de la sociedad sevillana de la época. Sin embargo, además de ser clientes también eran sus protectores.

La denominada «gente de barrio» (jóvenes holgazanes hijos de buenas familias) también frecuentaba a las cantoreras. Una práctica que a día de hoy sigue bien presente entre los jóvenes que buscan algo de diversión. Del mismo modo, y a diferencia de lo que se pueda llegar a creer, muchas veces sus padres también contrataban servicios sexuales de estas mujeres. Y es que hablamos de una época en la que los encuentros ilícitos fuera del matrimonio estaban a la orden del día.

Quiénes ejercían

Fue a mitad del siglo XVI cuando se intentó regular la prostitución en la ciudad. De este modo, se buscaba controlar a las mujeres de mala vida segregándolas por el vecindario evitando así el mal ejemplo quepudieran dar a las «buenas mujeres» del mismo. En esta época eran las forasteras quienes ejercían como cantoreras. No obstante, dicho intento de regulación fracasó por completo, logrando que aquellas que hasta entonces eran consideradas «buenas mujeres» se sumaran al negocio del sexo.

Lo que empezó como un oficio para extranjeras se convirtio en una práctica muy común también en la propia comunidad sevillana. Y es que desde entonces, mujeres de toda clase (incluso estando casadas) se convirtieron en cantoreras.

Prostitución libre

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Ante la dificultad de la alcaldía de luchar contra la prostitución (que, como decimos, ya estaba muy extendida en Sevilla) el oficio comenzó a integrarse en la vida social de las ciudades. De este modo, muchas de las cantoreras comenzaron a ejercer en su propia casa sin ocultarlo tal y como sigue ocurriendo a día de hoy cuando los clientes tienen citas con ellas.

De hecho, a partir de ese momento podían encontrarse a prostitutas que vivían con sus familias y sirvientes desarrollando su vida habitual sin dejar de ejercer su oficio. Y si bien es cierto que a ojos del puritanismo religioso esta profesión nunca se vio con buenos ojos, eso no impidió que se practicara la prostitución libre por parte de estas acompañantes.