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DOSSIER CIENTÍFICO


Promesas y realidades

Xavier Pujol Gebellí

La convocatoria de elecciones generales para el próximo 20 de noviembre está permitiendo, como era obvio, desgranar las propuestas de las distintas formaciones políticas en los ámbitos que se consideran de mayor trascendencia. La política científica, aunque dista de estar calando entre la opinión pública, ocupa de un tiempo para esta parte espacios significativos en los programas electorales, aunque eso no significa, ni mucho menos, que se incorpore en los grandes debates públicos que van a vivirse durante la campaña ni tampoco en las valoraciones de futuro. Pero sí, y eso es al menos un logro, está en las agendas de los partidos.

Como ya ocurriera en anteriores convocatorias, en el análisis de las propuestas de los diferentes partidos, por lo menos en los mayoritarios en cuanto a representación parlamentaria, en materia de política científica abundan las coincidencias como bien se desprende de la lectura de los artículos que dan forma al presente dossier. Palabras y lugares comunes destacan con fuerza en las propuestas que presentan PSOE, PP, CiU y PNV, las formaciones que han accedido a participar en el mismo.

Excelencia, competitividad, recursos (especialmente los de tipo económico) e innovación, son demandas coincidentes en las cuatro propuestas. Y la nueva Ley de la Ciencia, el vínculo que en la actualidad los une a todos, puesto que no es en vano que su redacción, que no su despliegue que va a quedar para esta próxima legislatura, se ha logrado gracias al amplio consenso alcanzado en las dos cámaras. Pese a la voluntad expresada por todos los partidos, habrá que ver de qué modo se articula una Ley que tiene por objeto consolidar los logros obtenidos en los últimos tiempos, perceptibles especialmente en este último decenio, y proseguir en la senda de la modernización que, con más o menos matices, todos proclaman.

Si la Ley va a ser el instrumento, la excelencia y la competitividad parece que van a ser los grandes objetivos. Nada de eso, sin embargo, se consigue sin recursos económicos, la mayor de las preocupaciones –por no decir justificación a priori por si no se alcanza la meta– que señalan los autores de los distintos artículos. Todos inciden de forma clara en la necesidad de mantener cuando menos la inversión pública y dar con fórmulas más o menos imaginativas para atraer la inversión privada. Los primeros presupuestos, gane quien gane, darán o quitarán razones.

Transferencia y coordinación también forman parte del vocabulario coincidente. La primera, para tratar de dar solución al endémico problema, español y europeo, de la transmisión de conocimiento de las áreas generadoras de conocimiento a las productivas. En este punto, algunas de las propuestas son coincidentes en letra y espíritu a muchas de las efectuadas en el pasado, lo cual significa que, a todas luces, las fórmulas empleadas antaño no han dado resultado suficiente. La segunda tiene que ver con una exigencia que todos plantean, aunque cada uno desde su posición: coordinar las políticas científicas de ámbito estatal con las de aplicación autonómica, además de las interministeriales. La sensación generalizada es que hay que articular mecanismos que la propicien y con ello ganar en eficiencia.

Esta última es justamente una de las demandas novedosas en política científica. También lo es el sentimiento cada vez más generalizado, y expresado en las distintas propuestas, de adaptar la necesidad de innovar con la realidad del tejido industrial español, constituido mayoritariamente por pymes. La fórmula a emplear no la explica nadie, pero sí que todos señalan que hay que avanzar en ese camino.

Flotando en el aire queda la Agencia Estatal de Investigación y Financiación, una ya vieja aspiración de la comunidad científica, y una también vieja promesa de los distintos partidos políticos. Ahí parece que también hay consenso, según puede leerse. Pero también lo hubo en el pasado y la Agencia sigue siendo una promesa y no una realidad.

Flexibilidad, estabilidad, autonomía, rendición de cuentas y ambición, cierran la panoplia de promesas en grado de mayor o menor peso según cada formación. Todos ellos son conceptos que marcan una senda en la que se sigue avanzando, aunque a veces se tenga la sensación de ir contracorriente. Los partidos políticos ven ya esa necesidad y proclaman que sin una ciencia y tecnología fuertes, al tiempo que con mecanismos de innovación eficientes, el futuro del país se va a ver comprometido. Tanta coincidencia debería ser aprovechada en la próxima legislatura para abordar el salto de calidad que necesita el sistema español de ciencia e innovación.





ARTÍCULOS DE ESTE DOSSIER
[Noviembre 2011]

INTRODUCCIÓN: Promesas y realidades
Xavier Pujol Gebellí

La ciencia: una prioridad de los socialistas
Alfredo Pérez Rubalcaba

Algunas propuestas para la próxima legislatura
Gabriel Elorriaga

La propuesta de CiU en política científica
Antoni Castellà i Clavé

La I+D+i y la X Legislatura
Arantza Tapia y José Ramón Beloki

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ISSN: 1696-4837
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